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Se estima que alrededor del 20% de la población mundial tiene dolor articular y alrededor del 8% sufre dolor de espalda crónico. Según la Organización Mundial de la Salud tanto uno como otro son las principales causas de discapacidad en todo el mundo y afectan a personas de todas las edades.

¿Qué se entiende por dolor?

El dolor es una percepción sensorial localizada que puede manifestarse con mayor o menor intensidad en cualquier parte del cuerpo. Es el resultado de una estimulación de las terminaciones nerviosas sensitivas. Se trata de una sensación molesta que limita la habilidad y capacidad de las personas para llevar a cabo actividades cotidianas. El dolor es una señal de alerta que nos envía el cuerpo para avisarnos de que algo no funciona correctamente. Por poner un ejemplo, si no sintiéramos dolor, no nos daríamos cuenta de que hemos sufrido una lesión y esto podría conllevar problemas médicos más graves.

Cabe decir que la percepción del dolor siempre es subjetiva y que cada persona lo experimenta de forma diferente.

El dolor se puede clasificar según diferentes criterios:

  1. En funció, de la duración: Puede ser agudo o crónico Por ejemplo, una quemadura produce un dolor agudo. La artrosis, en cambio, es un dolor crónico.
  2. En función de la persistencia diremos que el dolor es recurrente, cuando aparece de forma intermitente o continuo, cuando el dolor no para.
  3. En función de la intensidad diremos que es leve, moderado o intenso.

Esta última clasificación se mide mediante la escala del dolor:

El dolor de espalda y el dolor articular se caracterizan por afectar diferentes zonas del cuerpo

¿Qué sabemos acerca del dolor de espalda?

El dolor de espalda se produce en la parte posterior del cuerpo, desde la zona lumbar hasta la zona cervical. Este tipo de dolor puede ser causado por hechos diversos como la ciática, las hernias de disco, las lesiones musculares y una mala postura.

Nueve de cada diez personas sufrirán alguna vez un dolor de espalda a lo largo de su vida. Aunque normalmente es un trastorno benigno, puede llegar a generar una gran incapacidad.

El dolor en la espalda se puede localizar en tres zonas distintas: cervical, dorsal y lumbar, siendo esta última la más frecuente. Además, puede manifestarse como un dolor agudo y repentino de corta duración o como un dolor crónico que perdura más de 3 meses.

¿Qué sabemos acerca del dolor articular?

El dolor articular se produce en las articulaciones, que es la zona en las que dos huesos se conectan. Este tipo de dolor puede ser causado por diversas condiciones, las más comunes son:

  • Artritis
  • Bursitis 
  • Lesiones en la articulación

El dolor articular suele estar localizado y puede manifestarse como una sensación de malestar, inflamación o rigidez en la zona afectada.

Las articulaciones soportan presión a causa del movimiento diario y constante. Aunque puede afectar a diferentes zonas del cuerpo, como tobillos y muñecas, la articulación más vulnerable es la de la rodilla, ya que debe soportar todo el peso del cuerpo.

El dolor articular puede estar causado por distintos tipos de lesiones o dolencias, algunas de las más frecuentes son:

  • Artrosis
  • Desgarros y fracturas
  • Edad avanzada
  • Intervenciones quirúrgicas
  • Predisposición genética
  • Obesidad

Tanto el dolor de espalda como el dolor articular pueden empeorar con la actividad física.

Algunas soluciones para combatir estas patologías:

Termoterapia:

Con la aplicación de calor local para aliviar el dolor, relajar la musculatura y promover el cuidado del tejido lesionado. También será beneficioso la aplicación de frío local para reducir la inflamación en casos de golpes.

Vitaminas del grupo B (B1, B6 y B12):

En dosis terapéuticas, aseguramos una correcta salud de los nervios que se traduce en una reducción del dolor. Se recomienda combinar el tratamiento con vitaminas del grupo B con un tratamiento antiinflamatorio.

Antiinflamatorio y analgésicos orales:

Para detener o reducir el dolor. Siempre siguiendo las indicaciones de los profesionales sanitarios.

Tratamientos orales que contengan:
Cúrcuma, colágeno, glucosamina, condroitina, ácido hialurónico, vitaminas, minerales. Todos ellos facilitan la flexibilidad y la movilidad articular, manteniendo el funcionamiento muscular y de los cartílagos.


Tratamientos tópicos a base de gaulteria y árnica:

Por su acción antiinflamatoria local que reduce el dolor articular y de espalda. Hay que tener en cuenta que los tratamientos deben pautarse de forma individualizada y siempre indicado por un profesional sanitario.

Recomendaciones no farmacológicas

Aunque exista un gran número de soluciones farmacológicas, no debemos olvidar la importancia de mantener una dieta equilibrada que aporte los nutrientes necesarios a nuestro organismo. Sin olvidar la actividad física diaria, en función de la edad, para tener un envejecimiento saludable.

Además, es importante mantener una buena higiene postural para prevenir el dolor y evitar que tanto el dolor de espalda como el dolor articular progresen.

Clàudia Tresserra Adzet
Farmaceutica

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